domingo, 1 de mayo de 2011

EL ANIMAL QUE VIVE EN MI

Cincuenta y siete, cincuenta y ocho, cincuenta y nueve, sesenta.

-Uf, a esta temperatura no creo que aguante viva ni media hora más. Lo que daría porque un "pobre pringao" se tragara esta maldita ostra.
Tiene gracia la cosa, hace tan sólo 24 horas pensaba que iba a poder pasar aquí una buena temporadita. ¡Si llego a saber que el capullo del Restaurante me deja a -4ºC me hubiese traído la bufanda!
Gracias a los tiritones, logro mantenerme caliente unos cuantos minutos. Por fin abren las puertas del congelador, y unas pinzas metálicas cierran de un golpe la puerta de casa.
-Ya está, me dije, ahora sólo esa cuestión de segundos.

Siento sobre mis "flagelos" las ácidas gotas de limón y un airecito muy humano.
Me quedo un rato en los labios y de seguida noto que son femeninos, jugosos, suaves y calientes. Me deslizo frenéticamente por el tracto gastrointestinal de mi víctima. Creo que es joven y está sanísima.
La sangre va entrando poco a poco en mí y noto una inyección de adrenalina que se deposita directamente en mis venas. Mi excitación es tremenda. El olor fisiológico de "mi pobre chica" es embriagador.

-¡Vaya!, ya tenemos compañía. Habíais tardado demasiado en llegar. Mi nombre es Coli,
E Coli.

El capitán de ejército blanco, alza la voz potente y segura:
- Señorita Coli, sabe que no es bienvenida a este lugar. Nuestra Señora es joven, hermosa y ama la vida. Nosotros estamos aquí para protegerla, no permitiremos que le haga daño. Así la invito a marcharse por dónde ha venido.

-¿Pero de verdad crees que cuatro gordos me vais a asustar?, ¡en peores plazas he toreado!
Llevo días sin comer, casi me muero de frío y ahora que estoy aquí no voy a abandonar. ! ¡Esta chica es mía!

-Coli, estás en minoría. Me gustaría aclararte que mi equipo lo forman 5.000.000 millones de soldados.

-Estos cabrones no van a acabar conmigo. Eh gordo, está bien. Me largo. Eso sí, dile a tu Ama que abra las compuertas.
Los intestinos todavía huelen mejor, noto una fuerza ascendente que por un momento me estira como un chicle. Me agarro con fuerza, el epitelio de la mucosa es un buen escondite.
En los días posteriores, permanecí inmóvil, alimentándome sólo con el fluido que me llegaba, manteniéndome a una temperatura óptima, no segregué toxinas. Así conseguí engañar al ejército. Mientras esperaba con paciencia, el momento para terminar con ella.

Maribel Arias

3 comentarios:

  1. ¡Es muy trepidante e ingenioso! He disfrutado leyéndolo aunque no te sé decir si es cuento o relato. ¡Enhorabuena!

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  2. Gracias Pilar, tengo la misma duda. Es difícil reconocer un cuento de un relato. Creo que se me ha ido hacia relato....besitos preciosa

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  3. Eso si, inquietante lo es en grado sumo...

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